lunes, 18 de agosto de 2008

PERDIDO EN MI LOCURA

El sinsabor que acompaña al despertar es el mismo compañero que durante los tres últimos años ha custodiado, además de mis despertares, mis insomnios y mis duermevelas. Creí que por fin se había largado para siempre, pero tras unos meses desaparecido, casi hasta enterrado y olvidado, vuelve a llenar mis días. Quizá murió en su momento y se me presenta como un fantasma abatido por una muerte violenta y, hasta que no termine su cometido, no cruzará al otro lado. O quizá, simplemente, es el olvido resucitado desde el subconsciente y proyectado al consciente de forma brusca e implacable con intención de dejar su marca grabada en mi lucidez para siempre y evitar así que vuelva a olvidarle. Su función, en cualquier caso, es terminar conmigo.
Dicen que nuestro destino está ya dibujado desde antes de nacer como un esbozo de lo que han de ser nuestras vidas. El bosquejo de la mía se difuminó en algún momento y ni los propios dioses son capaces de componerlo. Todo parecía encaminarse hacia un exitoso porvenir, por lo menos en la época dorada. Aquellos maravillosos años en que la única conciencia de la realidad era una imagen abstracta diseñada por un adolescente. Esos años caracterizados por la banalidad de tus problemas ante los maduros ojos de un adulto y la desmesurada importancia que tú les dabas. Esos años en que todo importaba e impresionaba y en que lo nuevo aportaba aventura, experiencia y madurez a tu vida. Aquellos años en que lo único que tenías claro era que no querías convertirte en tu padre.
La época dorada pasó, y con ella se esfumó la pasión, el entusiasmo, el ímpetu, el delirio, la locura, el fervor, la emoción. Si alguien me hubiera explicado que convertirme en adulto iba a significar dejar atrás todo lo que verdaderamente enriquecía mi espíritu y calmaba mi ansia de aventura habría rectificado mi camino. Ahora es tarde. El camino ya está andado y no hay vuelta atrás. No es que me arrepienta de lo que soy, sino, más bien, que añoro lo que pudiera haber sido. No reniego de mi presente pero siento nostalgia por mi pasado.
El cambio fue progresivo. Creciendo y forjándose poco a poco, alimentado por la necesidad impuesta de madurar. Se va notando la transformación y te dejas arrastrar por la lógica de lo socialmente correcto. Es un viaje sin retorno para ingresar en el club de los conquistadores, el mundo de los experimentados triunfadores. El club de la madurez y la cordura donde todos hemos de estar algún día. ¿Es quizás el objetivo de nuestras vidas, madurar para aportar coherencia a nuestra existencia?
Una vez adquirida la nueva personalidad y alienado por tu nueva idiosincrasia ves totalmente anuladas todas las características que formaban parte de ti. Los problemas y preocupaciones siguen existiendo, pero son muy distintos. También los sentimientos cambian y hasta la forma de amar madura. Todo esto no debería presentar ningún inconveniente, salvo porque en mi caso el bosquejo de mi destino se borró en algún momento y me ha dejado atrapado en un limbo entre los dos mundos y el sinsabor de no saber hacia cual de ellos dirigirme está mortificando mis días, deprimiendo mi alma y consumiendo mi espíritu.
Soy un peregrino abúlico perdido en mi locura.

domingo, 17 de agosto de 2008

DOMINGO DE REFLEXIÓN

Domingo 17 de agosto de 2008. En condiciones normales estaría bebiéndome el ecuador de mis vacaciones, pero la devota rutina que ha alimentado mis costumbres durante los últimos años me ha abandonado. Ahora, que lo único cuerdo que me quedaba se ha marchado, tengo la necesidad desesperada de buscar desahogo en el desordenado amasijo de las entrañas de mi alma.
Me he levantado con el caprichoso deseo de garabatear mis dolencias en un intento, no se si vanidoso, de que alguien pueda interesarse por lo que lee. Y es que así soy yo: obtengo consuelo en la escritura de mis penas y, como un exhibicionista que cree que los demás disfrutan del voyerismo, pretendo que todos se recreen con la desnudez de mi alma. Al contrario de lo que ocurre con el lenguaje oral, parece que la escritura me da seguridad y calma la timidez a la hora de plasmar y dar a conocer mis sentimientos. También en la escritura encuentro un fiel aliado que al mismo tiempo que muestra mis más inherentes emociones es capaz de guardar la esencia del secreto. En una palabra: Me desnudo al mundo sin ser realmente visto.
La necesidad de saberme escuchado, aunque no entendido, es la razón de este blog que con la presente queda inaugurado.
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